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¿Y tú qué vas a hacer? Pasa a la acción después de la pandemia

¿Y tú qué vas a hacer? Pasa a la acción después de la pandemia

Se va acercando ese momento apodado como “post Covid-19”. Hay pronósticos de todo tipo. ¿Qué papel jugamos en esto? Esther Molina, miembro de la Red de Transición, comparte con nosotras su sentir al respecto y nos lanza la pregunta, tan urgente como necesaria: ¿Y tú, qué vas a hacer? Y también nos avanza su respuesta, igualmente urgente y necesaria: Pasa a la acción después de la pandemia.

Profecías anunciadas… ¿e interesadas?

Seguro que las has visto. Quizá te hayan hecho estremecer y entristecerte. Quizá las hayas promovido y hasta secundado. ¿Sabes de lo que hablo? Estos días, quizá más que nunca en los últimos tiempos, nos estamos atreviendo a hacer pronósticos de qué va a pasar cuando termine todo esto, la película de ciencia ficción de la que estamos formando parte.

Imagen: Manuel Meurisse, Unsplash.

Un conocido filósofo de por allí dice que todo será un estado de guerra permanente; un reputado periodista de por allá tiene clarísimo que nos recortarán derechos y nada volverá a ser igual; un colega escribe en facebook cómo cree que será la “nueva normalidad” y anima a otras personas a añadir puntos a esa lista…

Lo que más me interesa de esos ejercicios es el modo en que están escritos. Fíjate, todos ellos utilizan formas que condicionan fuertemente: “esto será así” y punto. Son afirmaciones categóricas que no permiten dudar de ellas. O, al menos, que no invitan a ello…

Muchas personas hablan del futuro como si solo existiera uno posible, el que ellas han imaginado. ¿Por qué lo expresan de un modo tan taxativo? ¿Por qué muchas dan por hecho esas realidades?

Profecías autocumplidas e indefensión aprendida

Nos reímos de los supuestos pitonisos que dicen ver el futuro en bolas de cristal, pero asentimos sin dudar ante ciertas “profecías”. Predicciones que, si seguimos alimentando con nuestros ojos, oídos y apatía, acabarán cumpliéndose.

Lo que más me asusta de ellas es que no hay lugar apenas, o se presenta como muy pequeño y limitado, para la capacidad de acción y cambio de personas y colectivos. Se da por hecho que estamos en manos de unos pocos poderosos y que ya nada podemos hacer.

Imagen: Dmitry-Ratushny, Unsplash.

Y lo peor, es que lo acabamos creyendo. Que, total, ¿qué impacto puedo tener yo, sin apenas dinero ni influencia, en todo esto? “Seguro que nada”, nos decimos. Y ahí empieza la tragedia. Nos lo creemos y damos un paso atrás, nos victimizamos y dejamos que sean otras personas las que decidan. Acallamos nuestra preciosa y valiosísima voz. Y de la imaginación ya ni hablemos, eso es de utópicos hippies, ¿verdad?

Nuestro ego se siente comodísimo cuando contempla esas premoniciones apocalípticas. Le encanta el drama, y más aún ser protagonista del fin del mundo. “Ay, pobre de mí, viviendo este momento histórico, no puedo hacer nada”. Y ¡zas! Caíste en la trampa.

Tres escenarios

El mundo es mucho más complejo de lo que una persona pueda percibir a través de sus vivencias, y la historia que nos contamos acaba influyendo en nuestro actuar y el entorno.

En el magnífico libro Esperanza activa: cómo afrontar el desastre mundial sin volvernos locos, Joanna Macy y Chris Johnstone apuntan a tres actitudes principales que se dan entre las sociedades y las personas que forman parte de ellas, al mirar hacia los problemas que afrontamos y los posibles escenarios futuros. Doy una pincelada de cada una a continuación.

Eso no va conmigo

Imagen: Teymur Mirzazade, Unsplash.

Podemos actuar como si nada hubiera ocurrido, o por lo menos como si esto no fuera con nosotras, creyendo que podemos “progresar”, en un “todo como de costumbre” (business as usual). Frecuentemente fruto del miedo o de la impotencia, o de la falta de información, seguiríamos con nuestro antiguo estilo de vida, obviando el impacto que tiene a tantos niveles.

No hay nada que hacer

Imagen: Crawford Jolly, Unsplash.

En la otra cara de la moneda, y casi con las mismas consecuencias, tenemos el relato del “gran desmoronamiento” (unravelling of living systems), donde el foco y el protagonismo lo tienen el colapso, el desastre, la extinción en masa, y todo aquello que nos provoca escalofríos y parálisis, ese fin del mundo al que que tantísimas películas nos han acostumbrado. Y desde este punto no hacemos nada, nada diferente, porque sentimos que no podemos o que no merece la pena.

Otro mundo es posible… Y yo puedo hacerlo posible

Imagen: Eric Ward, Unsplash.

Y finalmente, dando un paso más allá, podemos sumarnos a la creación de una sociedad que sustenta lo vivo, que pone la vida en el centro y vive en armonía con ella desde una esperanza activa. Este es el relato del “gran giro” (the great turning), donde cobran gran importancia los cambios en la conciencia (percepción, pensamiento y valores). También las acciones de contención (como campañas en defensa de la vida en la Tierra) y los sistemas y prácticas que desarrollamos (nuevas estructuras sociales y económicas, por ejemplo).

Sean cuales sean nuestras limitaciones, siempre somos libres de escoger qué versión de la realidad y qué historia acerca del mundo valoramos y queremos generar.

Pasemos a la acción

Imagen: John Moeses Bauan, Unsplash.

Vale, ahora en serio, ¿tú qué vas a hacer? ¿Te vas a quedar tirada en el sofá lamentándote? Los “hombres del tiempo” también se equivocan. El futuro no está escrito y tu poder de incidencia en el entorno ¡es ENORME! ¡Que se lo digan a los muchísimos animales que se salvan de ser sacrificados cada año gracias a las cada vez más personas valientes que deciden pasarse al veganismo! Dijo alguien una vez que “para que el mal triunfe, solo basta con que los buenos no hagan nada”. Responsabilicémonos.

Con pequeñas acciones cotidianas cambiamos el mundo. Y si dejamos de cargar con la responsabilidad de salvarlo todo, tendremos las espaldas más livianas para poder darnos la mano. Y también disfrutar en comunidad, haciendo pequeñas cosas que, a pesar de las dificultades, y al echar la vista atrás, nos harán sonreír viendo lo mucho que hemos logrado por el camino.

Una invitación final

Imagen: Santosh Verma, Unsplash.

Te invito a que dejes de mirar tu ombligo o a través de las mirillas de otras. Muchas estamos en situaciones complejas e incluso comprometidas, situaciones duras. Hemos perdido el trabajo, a alguien a quien queríamos. Pero eso no puede impedirnos alzar la vista y desear, imaginar, soñar. Hagamos un buen duelo, claro, y luego…

  • ¿Qué quieres hacer?
  • ¿Qué vas a hacer para que tu entorno no sea un basurero?
  • ¿Cómo vas a desplazarte? ¿A qué ritmos te vas a mover?
  • ¿Cómo y de qué vas a alimentarte?
  • ¿Qué tipo de comercio y economías vas a fomentar?
  • ¿Cómo te vas a relacionar contigo y con las demás?
  • ¿Cómo te gustaría vivir en un mundo “post-covid”?

Si te atreves a mirar hacia adentro creativamente y ver cómo ha influenciado este tiempo incierto de cuarentena en tus prioridades y valores, y cuál ha sido tu nivel de resiliencia, te invito a regalarte un tiempo para crear una cápsula del tiempo. Puedes consultar la propuesta que hemos elaborado aquí.

Si te apetece dar un paso más allá, imaginar tu futuro, dónde te gustaría verte en unos meses o años, e investigar los pasos para acercarte a él de manera individual y colectiva, te propongo utilizar el backcasting (retrospectiva desde el futuro o mirada retrospectiva imaginaria). ¡Echa un ojo a esta herramienta que te proponemos, te sorprenderá!

La transición empezó hace años, ¡súmate!

Dejemos el fatalismo paralizador y pongamos de nuestra parte. Pase lo que pase, nadie podrá decir que no lo intentamos. Cada una en la medida de sus posibilidades.

¿Y tú qué vas a hacer? Pasa a la acción después de la pandemia

Imagen: Josh Sorenson, Unsplash.

Que las que no creen en el cambio dejen de interrumpir a las que ya lo estamos llevando a cabo. Sí, hace años que está sucediendo, y es vasto. En nuestras mentes, corazones, y en el planeta. ¿No me crees, aún no te has enterado? Echa un vistazo a la inmensidad de proyectos existentes: iniciativas de Transición en todo el mundo, ecoaldeas y comunidades sostenibles….

Y, sorpresa: tú ya formas parte de ello. Gracias por haber leído este texto, te animamos a seguir indagando, desarrollando, conectando.

¿Y tú qué vas a hacer?

Atrévete a escribir un pedacito de futuro. Sin miedo. No estás sola. Escoge lo que más te llame y te llene, pasito a pasito.

El futuro puede ser precioso si cada una de nosotras mira hacia adelante y se pone manos a la obra con su trocito de puzle.

El futuro será mejor, porque tú vas a poner de tu parte, ¿verdad?

¿Y tú qué vas a hacer? Pasa a la acción después de la pandemia

Imagen: Hkyu Wu, Unsplash.

Visita a Carrícola, la “xispa” de la Vall

Carrícola, en la Comunidad valenciana, con una población de apenas 90 habitantes, es un municipio eminentemente agrícola, envuelto de cultivos frutales, olivos, viñedos, naranjos y de una amplia variedad de hortalizas.

En el año 1982 los labradores carricolanos apostaron el ahorro de agua: sustituyeron el milenario sistema islámico de regadío tradicional por un sistema de distribución entubada y riego localizado por goteo. y, progresivamente fueron apostando por una mayor producción ecológica.

Hoy, pasear por Carrícola es entrar en otro ritmo de vida, tomando conciencia de las capacidades de la tierra así como de su comunidad. Una visita que merece mucho la pena.

Agradecemos a la organización de la diplomatura DESEEEA que hiciera posible la excursión que a continuación os contamos.

La transición es posible

El desarrollo del pueblo ha decidido tomar un camino propio, sin sucumbir a las típicas promesas del crecimiento que sacrifican el paisaje. No es una gran área nueva urbanizada, sino un pequeño municipio rural en armonía con su entorno natural.

Carrícola: en armonía con el entorno.

Carrícola es un modelo de sostenibilidad. Pionera en la implantación de la agricultura ecológica desde la década de los años 80 tras aceptar la propuesta de una empresa francesa, la localidad es un claro ejemplo de que transitar hacia una forma de vida más resiliente es posible.

Una de las cuestiones que más llama la atención es encontrar materializadas las declaraciones que solemos escuchar en los grandes fórums mundiales sobre medio ambiente y cambio climático. Importantes retos globales, como el aprovechamiento de las aguas residuales y de los residuos orgánicos, son aquí realidad.

Cuidado, calidad y sostenibilidad

Visitar Carrícola permite apreciar el esmero y cuidado que hay detrás de cada rincón, cada obra y cada gestión.

Carrícola: cariño en las calles.

El municipio ya tiene implantada una recogida selectiva de la fracción orgánica generada en los hogares, lo que se traduce en una mayor gestión de los residuos.

Además de los típicos contenedores de reciclaje, el pueblo cuenta con dos contenedores de madera, realizados por artesanos locales, donde los ciudadanos depositan su materia orgánica. Esta materia se vierte después sobre unos compostadores y se transforma en abono para los huertos locales. De esta materia se cierra el ciclo de la materia.

Aunque la colaboración de sus habitantes es casi innata, el ayuntamiento de Carrícola no duda en advertir – por si acaso –  de sanciones de 20€ para aquellas personas que no reciclen adecuadamente. Una medida que ayuda a tomarse en serio una autogestión comprometida con la sostenibilidad. Y es que, para los carricolanos, los residuos tienen un valor: la materia orgánica ha de reintegrarse en la naturaleza.

Es también fascinante la depuradora natural de las aguas que tiene el pueblo. En un inicio, se planteó la idea de instalar una depuradora convencional, con la gran inversión económica y energética que suponía.

Pero en su lugar, en colaboración con la Universidad Politécnica de Valencia se diseñó un sistema de depuración completamente natural, basado en la fitodepuración. La acción de plantas y piedras en marjales y balsas en diferentes niveles ha reducido los ruidos y malos olores, haciendo perfectamente posible que sea agradable disfrutar del parque infantil emplazado al lado mismo de la zona de depuración de aguas.

Carrícola: fitodepuración de las aguas residuales.

Actualmente, el Ayuntamiento trata de lograr la financiación necesaria para poder cerrar aún más el ciclo natural, usando las aguas depuradas del pueblo para regar los huertos.

Calidad sobre cantidad

Y todos estos procesos y logros, se han conseguido sin renunciar a un ápice de calidad y respeto.

Conscientes de que resulta fundamental cuidar el agricultor, en Carrícola han renunciado más de una vez  a un trabajo que primase un aumento en la cantidad de producción a costa del bienestar del trabajador y de los ritmos de la tierra.

Por encima de la cantidad, los habitantes del pueblo han priorizado preservar la calidad, como bien se puede saborear en los alimentos que cultivan. El sabor de sus clementinas es difícil de comparar.

Pero, como los carricolanos saben, también es responsabilidad del consumidor el aprender a distinguir la calidad, algo que progresivamente se está perdiendo. Además, se tiene claro la importancia que supone la relación directa entre los productores y los consumidores, con menos intermediarios. Y todo ello, tiene un precio que “no es más caro, sino más justo”.

Lo que no mantendrán, las gentes de Carrícola, es una infraestructura empresarial por encima del cuidado, la calidad y la sostenibilidad.

El poder de la comunidad

Pero navegar hacia este compromiso con el medio ambiente y las relaciones interpersonales no sería posible sin la fuerza de la comunidad.

La colaboración que hay entre los habitantes de Carrícola es esencial para llevar a cabo con eficacia las distintas tareas, públicas y privadas. En el pueblo se le da una enorme importancia a la organización e implicación de todos para realizar labores juntos. El reciclaje, el trabajo de campo y la construcción son muestras de ello.

Carrícola: lavadero comunitario.

Así lo expresan las frases que repetía el propio alcalde, como: “realmente es como vivir con tu familia, sólo que una familia más grande” o “es muy importante el sentimiento de pueblo”.

Además de las palabras, así lo demuestran los actos de los carricolanos, no sólo en las tareas conjuntas sino también en las celebraciones, donde participan todos.

También el esfuerzo colectivo entre aldeanos y voluntarios en la construcción de un gran horno de leña para ayudar a cumplir los sueños de la antigua panadera del pueblo, lo ejemplifican.

Carrícola: horno de leña construido con la participación de todos los habitantes del pueblo.

Saben que si todos se ayudan entre todos, mejoran los resultados y el propio proceso.

Arte y naturaleza

En Carrícola también pudimos apreciar una intensa conexión entre la naturaleza y el arte.

Desde el compromiso y el vínculo con el entorno ambiental, surgió la idea de generar itinerarios artísticos con obras integradas en el paisaje.

Carrícola: arte integrado en el paisaje.

Gracias al apoyo de diversos actores, como el propio Ayuntamiento, la Mancomunidad de Municipios de la Vall d’Albaida y la Universidad de Valencia, fue posible el proyecto Biodivers.

Ya con dos ediciones realizadas, la primera en 2010 y la segunda en 2015 (donde se restringió la aceptación de obras a sólo aquellas que estuvieran diseñadas con materiales de origen vegetal o mineral, excluyendo elementos poco sostenibles como el hierro), Biodivers se ha convertido en un emblema del pueblo.

La entusiasmada participación en el proyecto ha permitido que obras de unos 70 creadores dialoguen con la naturaleza y con los visitantes.

Curso Cómo Iniciar la Transición

Red de Transición ofrece una nueva edición del Curso Cómo Iniciar la Transición en la Casa Encendida de Madrid del 30 de mayo al 1 de junio. Esta formación ofrece las herramientas esenciales para comenzar un proceso de transición socio-ecológica comunitario, respondiendo desde la mejor escala posible: la local.

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