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Tendiendo puentes en Rethinking Transition 2020

¿Qué pasó en Rethinking Transition 2020? ¿No pudiste asistir al evento? No te preocupes, te resumimos a continuación cómo fue y podrás también ver los vídeos.

Rethiking Transition 2020.

El punto de partida: la pregunta

¿Cómo debería repensarse el Movimiento de Transición ante el colapso sistémico que estamos viviendo y el auge de nuevos movimientos ecosociales?

Con esta pregunta inicial, el equipo de Red de Transición preparamos un evento participativo online para reflexionar colectivamente acerca de la cuestión.

Lo quisimos enmarcar en la celebración del Día Europeo de las Comunidades Sostenibles, dando visibilidad a las personas y comunidades que no dejan de hacer y ser por un mundo más sostenible, cohesionado y regenerador. Sigue leyendo

Visiones escatológicas: un modelo de reconciliación

Visiones escatológicas: un modelo de reconciliación

Nuestro modelo de civilización basada en el crecimiento llega a su fin. Y el nuevo modelo, compatible con los límites de la Tierra, no está aún listo. Más que nunca, el activismo necesario para afrontar esta época crucial para el planeta y la humanidad exige realismo, madurez y serenidad. Establecer un modelo de reconciliación con el planeta y con nuestra mortalidad, explorando visiones escatológicas, puede ayudarnos en ello.

Monos insensatos

Somos unos simios contemplando en primera fila el colapso de nuestra civilización. Al borde del abismo y dispuestos a dar el paso. Monos incautos, caprichosos, déspotas, destrozones…

Imagen: Joao Tzanno, Unsplash.

Todo se desmorona. La Covid-19 es una bonita primera pieza de dominó. A menos que demos un golpe de timón que vire 180 grados el rumbo de nuestra acomodada sociedad, seremos testigos y víctimas de una sucesión de catástrofes que en los próximos años irán estrechando poco a poco nuestra zona de confort vital: escasa comida y bebida, techo endeble, inseguridad creciente…

Imagen: Denys Argyriou, Unsplash.

Nos ha tocado vivir el mayor cataclismo de la historia de la humanidad. Y a la mayoría de occidentales les pilla aislados en su vivienda, distraídos con imágenes emitidas por todo tipo de pantallas o, peor aún, atrapados en el Engendro, atenazados por la precariedad laboral y la ausencia de perspectivas. Sin esperanza.

Reconciliarse para atravesar mejor el desmoronamiento

El colapso que se avecina provoca intensas emociones: miedo, cólera, impotencia, tristeza…

Imagen: Sergio Rodríguez – Portugués del Olmo, Unsplash.

Metabolizar esas emociones y evitar que nos suman en la parálisis es el gran reto de nuestra generación. Para ello es útil el modelo de las 4 Rs (Reconciliación, Resiliencia, Restauración y Recuperación) preconizado por Jem Bendell en su Agenda para la Adaptación Profunda. De las 4 Rs la más crucial sin duda es la Reconciliación. Reconciliarse con la propia mortalidad es una condición indispensable para llegar a desempeñar un papel útil durante el fin de nuestro mundo.

Visiones escatológicas: un modelo de reconciliación

Imagen: Jack B. y Luke Southern, Unsplash.

No queda más remedio que adentrarse en una noche oscura del alma y hacer las paces con nuestro terror a la muerte, que está en la base de nuestra ansiedad existencial. Es necesario establecer un modelo de reconciliación con el mundo y con nosotras mismas. Pero antes hay que plantear un par de preguntas.

¿Qué hacer? ¿Qué ser?

Estamos en el umbral de una nueva página de la historia de la humanidad y del planeta. No es imposible que el ser humano acabe extinguiéndose antes del final de este siglo. En el escenario más catastrófico es incluso posible que desaparezca la vida del planeta.

Imagen: Markus Spiske, Unsplash.

Ante esta tesitura cabe preguntarse cuál es la actitud que hay que adoptar. Algunos viven en la negación, otros en el hopium (neologismo anglosajón que combina opio y esperanza), otros comen y beben sabiendo que mañana morirán (Carpe Diem), otros reciclan, montan en bicicleta y renuncian a la carne, otros dedican su vida al activismo. Otros (Extinction Rebellion) están incluso dispuestos a sacrificar su libertad por la causa. Los más heroicos llegan a dar sus vidas en la defensa de los ecosistemas…

Imagen: Markus Spiske, Unsplash.

Ese amplio espectro de actitudes depende de cómo veamos el mundo. En ese sentido, sugiero leer el lúcido texto “Y tú qué vas a hacer de Esther Molina, mi amiga y compañera de RedT,  en el que menciona los tres escenarios que propone Joanna Macy.

¿Qué hacer? Ego y Activismo

La perspectiva es tan brutal que muchos días es fácil caer en el desánimo. Al fin y al cabo, sabemos que la entropía, segunda ley de la termodinámica, nos lleva de modo irreversible al caos y a la desintegración. Luchar contra ella puede parecer un empeño quijotesco, inútil, fútil. Hagamos lo que hagamos, la humanidad desaparecerá un día de la Tierra. Y luego se extinguirá toda la Vida. Y el Sol explotará y el Universo acabará siendo un lugar oscuro y silencioso. Hagamos lo que hagamos.

Y pese a ello, son muchos los que muestran su entrega y abnegación y dedican su vida a todo tipo de causas. Desde el oso de los Pirineos hasta los corales de Samoa. Y su vida es eso. Propulsados por una vocación de entrega, de implicación.

Imagen: Jeremy Perkins, Unsplash.

Pero algunos caen en el error de olvidar revisar con cierta frecuencia la intención que motiva ese activismo. En un reciente webinar sobre el ego de los activistas Charles Eisenstein hace una pregunta que se experimenta como la punta de una flecha bien afilada clavada de lleno en tu más hondo y personal trauma: ¿Serías capaz de sacrificar tu notoriedad, tu protagonismo en el esfuerzo de evitar que el planeta se vaya al garete? El único activismo posible debe brotar de un intenso amor a la Tierra y no de la satisfacción imposible de los traumas y carencias de tu temprana adolescencia.

¿Qué ser? Polvo estelar

Por ello, quizás la respuesta no esté tanto en Qué HACER sino más bien en Qué SER. Eso presupone que asumamos que somos polvo estelar; que no es que estemos en el Universo, sino que somos el Universo; que la Naturaleza no es algo que esté ahí afuera esperando que la explotemos, sino que la Naturaleza está dentro de nosotros, es nosotros.

Imagen: Hillie Chan, Unsplash.

¿Qué ser? Un tubo

Alan Watts sostenía en El Libro (The Book: On the Taboo Against Knowing Who You Are) que una manera de ver la realidad puede llevarte a creer que todo organismo es esencialmente un tubo. Uno de sus extremos sirve para introducir nutrientes y el otro para expulsar residuos. Inputs y Outputs.

Imagen: Freepik.

Desde la más humilde lombriz al excelso simio que somos, ese tubo es la esencia de nuestra interacción con la Tierra. La evolución ha ido agregando al tubo distintas funciones (ojos, oídos, manos, cerebros) que mejoran la eficiencia transformadora del tubo, pero básicamente seguimos siendo un tubo.

Lo que nos diferencia del resto de los seres vivos es que nosotros podemos elegir qué consumimos y cómo nos deshacemos de nuestros residuos. Me viene en mente aquí uno de los Cinco Entrenamientos hacia la plena consciencia que propone el maestro Zen Thich Nhat Hanh: practicar la visión profunda en nuestra forma de utilizar los cuatro tipos de consumo: alimentos, impresiones sensoriales, volición y conciencia.

La civilización es un tubo

Lo que se aplica a un individuo, es también relevante para una civilización. Por un extremo del tubo de nuestra sociedad extraemos recursos de la naturaleza (madera, petróleo, minerales…) y por el otro extremo expulsamos residuos (CO2, micro-plásticos, …).

Imagen: Julia Joppien, Unsplash.

Tanto en el plano individual como en el colectivo es fundamental que la extracción de recursos y la expulsión de residuos se haga de forma compatible con los límites naturales. Y eso no es así, como sabemos ya desde el informe Limits to Growth del Club de Roma (1972) que nos advertía que nuestro modelo de crecimiento continuo nos lleva de cabeza al abismo.

Somos tubos en forma de simios

Sabemos muy bien qué somos, pero lo olvidamos continuamente. Somos un simio que se vio forzado a abandonar el bosque hace al menos unos cuatro millones de años y comenzó a adaptarse a la vida en la sabana en pequeños grupos, dando origen a la cultura. Por alguna razón ese simio se puso de pie y comenzó a usar sus manos, dando origen a la tecnología. Y su cerebro pasó en poco tiempo de 500 cm3 a 1500 cm3. Y, como dice Charles Eisenstein en The Ascent of Humanity, debido al desarrollo de la cultura y la tecnología ese simio comenzó a separarse de la naturaleza de la que había surgido.

Imagen: David Monje, Unsplash.

Esa separación se aceleró brutalmente hace 10.000 años cuando el simio pasó de cazador-recolector nómada a ganadero-agricultor sedentario. Y la brecha con la naturaleza se hizo infranqueable hace unos 250 años cuando descubrimos la bestial capacidad de transformación que ofrecían los combustibles fósiles.

Somos muchos tubos

Hoy los humanos somos más de 7.500 millones de tubos. En términos absolutos, seguramente somos demasiados y el hábitat que ocupamos se lo quitamos a otras especies animales y vegetales. En un estudio sobre biomasa de la Academia Nacional de Ciencias de EE.UU se expone que los humanos somos ya el 36% de la biomasa de todos los mamíferos y el ganado que nos alimenta ocupa el 60% del total, lo que deja reducida la biomasa del resto de los mamíferos salvajes a un 4%.

Sí, somos muchos y nuestra capacidad de extracción y de contaminación supera ampliamente la capacidad de carga del planeta.

Imagen: Ant Rozetsky, Unsplash.

Sin embargo, no todos tenemos el mismo impacto. Sabemos que unos pocos millones en el mundo “desarrollado” depredan y ensucian más que los otros 7.000 millones, que a lo sumo calientan sus alubias y su arroz quemando ramas y troncos arrancados de la agonizante jungla que les trajo al mundo.

Y sin embargo, el “progreso” de nuestras sociedades desde los años 60 no ha mejorado la satisfacción vital de la mayoría de los habitantes del mundo rico. Viendo el otro día la película El gendarme de Saint-Tropez de Louis de Funès anhelo la calidad de vida de aquellos años sin teléfonos móviles ni compras online.

Visiones escatológicas: lo sagrado y lo profano

La escatología es la disciplina/ciencia/rama del saber que estudia el destino final del individuo y el universo, así como estudia al ser humano después de la muerte.  La escatología fue uno de los temas centrales de la teología medieval, coincidiendo con otra de las grandes pandemias históricas (la peste bubónica).

Visiones escatológicas: un modelo de reconciliación

Imagen: Michael Schaffler, Unsplash.

Por otro lado, curiosamente, el término escatología tiene una segunda acepción como acto de analizar excrementos (heces). En su libro Confessions of a Recovering Environmentalist, el ex-activista Paul Kingsnorth esgrime que el váter moderno en el que a diario malgastamos litros y litros de agua limpia y perfectamente potable es la metáfora de todo lo que va mal en nuestra civilización.

Visiones escatológicas: un modelo de reconciliación

Imagen: Gabor Monori, Unsplash.

Con el váter uno se quita cómodamente de encima sus excrementos y se olvida de a donde van a parar. Igual que uno no se preocupa del origen de los alimentos que tus intestinos han transformado, tampoco interesa saber qué pasa con esos residuos.

Para Kingsnorth compostar los excrementos es la nueva metáfora: de una sociedad lineal separada de la naturaleza a una sociedad cíclica en la que los procesos naturales reconvierten el excremento en nutriente. El tubo circular.

Uroboros Imagen: Wikipedia.

Visiones escatológicas: lo inefable y lo insondable

En septiembre de 2019 ahondé en la experiencia de la muerte en un retiro sobre ritos de paso para vivir y para morir. Los maravillosos Diana y Xavi de Transalquimia fueron los cálidos anfitriones de un seminario con Meredith Little. Allí comencé a experimentar que los ciclos de la tierra son el cauce que nos mece desde la cuna al hoyo; el tacto de las hojas, el perfume del humus, el sonido del arroyo, el calor de las piedras del bosque. Esa fue una entrada en materia que precedió a un retiro con Jem Bendell y Katie Carr sobre Deep Adaptation. Profundo. Y de ahí pasé a una convalecencia causada por una afección pulmonar. Durante la cual comenzó el final de la vida de mi madre. La Muerte con M.

Visiones escatológicas: un modelo de reconciliación

Imagen: Leonardo Yip, Unsplash.

Reconciliarse con la Muerte

Sabemos poco sobre la Muerte. Y, sin embargo, la literatura sobre la muerte es extensa e intensa. El Rechazo de la muerte (The Denial of Death) de Ernest Becker es una buena guía para adentrase en la noche oscura y comprender los mecanismos que usamos para controlar nuestro terror ante la muerte (Terror Management Theory). En ese libro, Becker plantea – entre muchas otras impresiones sobre la muerte – cómo conciliar la dualidad del ser humano: por un lado, somos seres exquisitos, capaces de crear poesía, de dar la vida por amor, de comprender los misterios del universo.

Imagen: Anton Darius, Unsplash.

Pero por otro lado somos animales, fisiológicamente indistinguibles de otros mamíferos, sometidos a las mismas leyes de supervivencia. Becker resume esta dualidad de forma brutal: Somos dioses con ano. Dioses que defecan. Dioses-gusano.

¿Esperanza en la desesperanza? Un modelo de (re)conciliación

La esperanza, si hay alguna, es que un número creciente de nosotros desea volver al bosque que abandonamos hace unos 4 millones de años. Que desea volver a convivir en grupos de no más de 150 personas, lo que corresponde, según escribe Robin Dunbar en Grooming, gossip and the origin of language, al tamaño “natural” del grupo humano. Que percibe la naturaleza como algo sagrado, que suscita respeto, conexión y amor. La experiencia del movimiento de Transición, que acoge esta necesidad de reconectar con un modo de vida más sencillo desde el ámbito personal (transición interior) hasta la reconstrucción de la resiliencia de las comunidades, puede facilitar ese retorno. Porque hablamos de un retorno, no de una huida.

Visiones escatológicas: un modelo de reconciliación

Imagen: Unsplash.

Hay mucho por hacer para restablecer el equilibrio que comenzamos a perturbar cuando golpeamos por primera vez con una piedra sobre un fémur de un rumiante muerto para sorber su médula. Y quizás lo primero y más importante para ello sea aceptar las reglas y los limites inexorables de la vida en este planeta. Con un poco de tecnología para atenuar la dureza de esa realidad, pero sin olvidar nuestro origen tubular ni nuestro horizonte escatológico. Pasar frío cuando hace frio; pasar hambre cuando no hay alimentos; morir mucho antes de la vejez. Esa es la Esperanza.

Visiones escatológicas: un modelo de reconciliación

¿Tumba o cuna? Imagen: Camila Jacques, Unsplash.

Deep Transition, hacia la síntesis de dos paradigmas

Deep Transition, hacia la síntesis de dos paradigmas

En su anterior artículo nuestro compañero Fernando García contraponía dos de los relatos de la Transición en curso. Uno, el relato del Movimiento de Transición, con una visión deliberadamente positiva del futuro. El otro, el relato de la Deep Adaptation, basado en la convicción de que el colapso a corto plazo es ya inevitable. Fernando nos invita ahora a ir un paso más allá y a tender un puente entre las dos visiones deambulando por la cuerda floja que separa la esperanza de la desesperación.  Nos invita a intentar ir, en definitiva, hacia la Deep Transition, la síntesis de estos dos paradigmas.

Deep Transition, hacia la síntesis de dos paradigmas

En la cuerda floja de la esperanza

Podemos llamar a esa cuerda Esperanza Activa (según Joanna Macy) o Esperanza Radical (según Jem Bendell).

Deep Transition, hacia la síntesis de dos paradigmas

El tema es de actualidad a la vista de la inminente publicación del último libro de Rob Hopkins “From What is to What if” (algo así como “De lo que es a lo que podría ser»).

Nuevo libro de Rob Hopkins

En su nuevo libro Rob, inasequible al desaliento, propugna el valor de la imaginación, de la creatividad y del optimismo como motor de la acción para hacer realidad el Gran Giro. Con este libro Rob apuntala el enfoque basado en el Corazón que constituía uno de los tres pilares del Manual de Transición. Los otros dos pilares del manual, publicado en 2008, eran la Cabeza y las Manos.

La cuadratura del círculo

Durante un muy reciente taller del Trabajo que Reconecta que facilité con mis amigos Almudena y Robert de Abrazo House, pude sentir, una vez más, que es posible lograr la cuadratura del círculo. Que no es otra que la de armonizar dos relatos aparentemente incompatibles.

Deep Transition, hacia la síntesis de dos paradigmas

El relato esperanzador de la Transición, basado en la creencia en nuestra capacidad de cambiar radicalmente la situación para mejor. Y el relato “derrotista” de la Deep Adaptation que afirma que ya es demasiado tarde para evitar un colapso inminente.

Hacia la Deep Transition: el valor de la Transición

El trabajo de las iniciativas de transición es absolutamente encomiable y tiene valor intrínseco: crea comunidad, incrementa la resiliencia y reduce el impacto medioambiental. También refuerza nuestras competencias y habilidades y nos conecta a nosotros mismos, a nuestros vecinos y a la naturaleza.

Deep Transition, hacia la síntesis de dos paradigmas

Pero además, tiene un valor instrumental en un mundo cuyos frágiles sistemas se pueden venir abajo repentinamente. Porque no hay mejor sitio para afrontar un desmoronamiento que una comunidad de transición sólidamente establecida.

Hacia la Deep Transition: la aportación de la Deep Adaptation

Si quisiéramos conjugar los relatos de la Transición y de la Deep Adaptation de modo aún más íntimo podríamos quizás “injertar” las 4 Rs de la Deep Adaptation (Resiliencia, Renuncia, Restauración y Reconciliación) en el ADN de la Transición.

Podríamos crear así una especie de OGM (organismo genéticamente modificado) que resista mejor a la plaga de desánimo, desesperanza y nihilismo que se cierne sobre un número creciente de activistas. Una suerte de Deep Transition.

Deep Transition, hacia la síntesis de dos paradigmas

Veamos cómo:

La Reconciliación

La reconciliación es el pilar de la agenda Deep Adaptation que nos invita a hacer las paces con todo aquello y aquellos con lo que estemos enemistados o alejados. Y lo hace con un énfasis particular en “normalizar” nuestra relación con la muerte y el lado oscuro de la existencia (la Sombra de Karl Jung).

Reconciliación

Este trabajo está plenamente en línea con la Transición interior. Si acaso, podría reforzarse con una práctica más sistemática de talleres como El Trabajo que Reconecta, las búsquedas de visión, los ritos de paso…  Y, por qué no, la difusión de la práctica muy en boga en el mundo anglosajón de los Death Cafés, encuentros amables y entrañables donde hablar serenamente de nuestras emociones y vivencias en torno a la muerte.

La Resiliencia

Sobre los sólidos cimientos de la práctica de la Reconciliación podríamos revisar cómo consolidar la Resiliencia, que está ya en el genoma de la Transición, con algún refuerzo proveniente de Deep Adaptation.

Pienso en particular en la metáfora de la guinda y el pastel. En un mundo proclive al desmoronamiento todo el esfuerzo debe destinarse a asegurarnos de que tenemos a mano todos los ingredientes del pastel que nos nutrirá en los tiempos de estrechez. Estaría mejor con guinda, pero, como dicen los franceses, à la guèrre comme à la guerre (en tiempos de guerra, economía de guerra).

Sólo cuando hayamos asegurado la auto-suficiencia podemos distraernos con lo prescindible.

Resiliencia

La Renuncia

La tercera R, Renuncia, no aparece explícitamente en el relato de la Transición, pero es inherente al concepto: dejar atrás todo lo que contribuye a la destrucción de nuestros ecosistemas, al agotamiento de recursos, a la acumulación de residuos.

A riesgo de polemizar, me atrevería a recordar que hay suficiente evidencia del perjuicio enorme causado por el consumo de productos animales.

Renuncia

Como vegano convencido, me sorprende el gran número de transicioneros que aún no han dado el paso hacia una alimentación predominantemente vegetal.

La Restauración

Por último, la Transición podría inspirarse más determinadamente del concepto de Restauración en sus dos vertientes:

  • Recuperación de viejos hábitos y costumbres.
  • Regeneración de hábitats y biotopos.

Restauración

Dicho esto, es realmente admirable todo lo que las iniciativas han hecho ya en este terreno.

Hacia la Deep Transition, una tentativa

Y volvamos, para acabar, al inicio, a Rob Hopkins. Atado a su mástil del positivismo cual Ulises tentado por las sirenas de la desesperación y el nihilismo nos recuerda una imperiosa necesidad. La necesidad de no cejar en nuestro empeño de hacer realidad el Gran Giro.

Personalmente, sin embargo, creo que las probabilidades de lograr un Gran Giro se van reduciendo cada vez más.

Deep Transition, hacia la síntesis de dos paradigmas

Por ello, creo que es también imperioso reforzar el trabajo de la Transición con elementos provenientes de la Deep Adaptation.

Porque, en caso de no lograr el Gran Giro, nos permitirá atravesar el Gran Desmoronamiento lo más indemnes posible y con dignidad, serenidad, civilización y decencia.

Deep Transition, hacia la síntesis de dos paradigmas

Una tarde en Soria en Transición

Una tarde en Soria en Transición: conversaciones sobre Transición en tierras castellanas

La Transición también tiene lugar en Soria. Fernando García, nuestro compañero de la Red de Transición, inicia en Soria en Transición el quiere ser el primero de una serie de encuentros que Fernando está dispuesto a organizar con todas las iniciativas de Transición que así lo deseen.

El objetivo de estos encuentros es tomarse un momento de pausa y compartir sobre el estado de la Tierra. También sobre el impacto emocional que nos provoca y la respuesta que proponemos para hacer frente a la situación.

Si queréis organizar un encuentro con Fernando podéis poneros en contacto con él: fgarciaferreiro@outlook.com

Os dejamos ya, sin más preámbulos, con la experiencia de Fernando en Soria en Transición:

Cita con el corazón sobrio y amable de Soria en Transición

Había quedado con Chema a las 18:00 en su colmenar de Rioseco. Sí, Chema vive ya en plena Transición. Vive en un colmenar, en medio del campo, alumbrado por la luna y la tenue luz de la bombilla que enciende con un pequeño panel solar. Vive con su váter seco, su firmamento estrellado y su esplendoroso huerto. Chema, motor de Soria en Transición, es un ejemplo de sobriedad, desapego, ingeniosidad, amabilidad y sabiduría.

Charla con los amantes de la tierra

Esa tarde organizamos una charla en El Refugio de la tormenta. Fue un día de calor tórrido en el que estuvimos fresquitos a la sombra de un castaño en un patio entrañable. El tiempo pasó rápido hablando del atolladero ecológico donde nos hemos metido. Y hablando también de las claves para navegar el caos que se avecina.

Fue un privilegio para Chema y para mí compartir con un grupo de mujeres y hombres que aman su tierra y la Tierra. Mujeres y hombres que no van a quedarse cruzados de brazos ante la debacle que se nos echa encima. Allí, vibramos con Laura, Carmen, Koya, Sara, Luz, los dos Javieres, Edu, Diego y Sergio.

Navegando en aguas oscuras

Durante la primera hora nos sumergimos en las aguas abisales del inevitable colapso de nuestra civilización: 415 ppm de CO2, el Ártico a punto de derretirse, los pocos animales salvajes sobrevivientes acorralados en hábitats minúsculos. Mientras tanto, criamos y sacrificamos al año 70.000.000.0000 de vacas, cerdos, pollos y otras víctimas inocentes de nuestra gula e insensatez.

Rendición y renovación

Cuando tocamos fondo, examinamos juntos la sacudida emocional de impotencia, rabia, miedo y tristeza que sentimos cuando nos rendimos ante la inevitabilidad del colapso. La genial intervención de Chema en ese momento, apelando a nuestro amor por la Tierra, a nuestro sentido de la decencia y de la compasión, logró que el grupo «rebotara» desde el fondo para salir a la superficie con un ánimo renovado de actuar ante la situación.

Renacimiento y compromiso

Uno tras otro, los participantes afirmaron su voluntad de implicarse activamente para proteger la vida. También para fomentar el sentido de comunidad, parar la destrucción y reanudar la restauración de la vida y la belleza en el increíblemente bello paraje soriano.

Soria viva en Transición

Mis amigos sorianos no van a quedarse impertérritos ante el desmoronamiento: Soria en Transición ha renacido. Y lo ha hecho con la fuerza de aquellos numantinos que lo dieron todo por defender lo que más importa. Y lo hace con el espíritu Meraki: «Poner el alma, creatividad y amor en lo que haces, dejando un pedazo de ti siempre en tu trabajo».

Una tarde en Soria en Transición

Transición y Deep Adaptation: dos visiones propositivas ante el inminente fin del mundo.

Transición y Deep Adaptation: dos visiones propositivas ante el inminente fin del mundo

Nuestro compañero Fernando García nos presenta un interesantísimo acercamiento a la Transición y la Deep Adaptation como visiones propositivas ante el más que probable y próximo colapso de la civilización industrial en la que vivimos.

“Quien piense que puede haber crecimiento infinito en un planeta con recursos finitos debe de ser o un loco o un economista”
– Sir David Attenborough

Esto se acaba

Dos siglos de brutal explotación de los recursos nos han llevado a una situación crítica: la capacidad de carga del planeta está al borde del colapso. De hecho, una mayoría de los más de 7 mil millones de habitantes sufren ya a diario las consecuencias de esta devastación.

Es cierto que la humanidad ha prosperado mucho en los últimos tiempos. Autores como Stephen Pinker (Enlihghtment Now) o Hans Rosling (Factfulness) sostienen que nunca hemos vivido mejor y nuestras perspectivas son muy favorables.

Otros como el historiador israelí Yuval Noah Harari son más matizados: las tres pesadillas de la humanidad (hambre, pestes y violencia) se han resuelto para dar paso (al menos en occidente) a otras tres casi peores (obesidad, depresión y suicidios).

Frente a estos practicantes del Hopium (neologismo en inglés que combina las palabras esperanza y opio), lo cierto es que la inmensa mayoría de los informes (IPCC sobre cambio climático , IPBES sobre biodiversidad  y Earth Overshoot sobre utilización de recursos, por ejemplo) prueban que esto no da más de sí.

El problema es el sistema y nuestra visión equivocada del mundo

Transición y Deep Adaptation: dos visiones propositivas ante el inminente fin del mundo.

Ya lo dijo muy bien Daniel Quinn en su libro Ishmael (1992): «La Naturaleza no nos pertenece, somos los humanos quienes pertenecemos a la Naturaleza».

También parece perfilarse un consenso sobre la relativa inminencia del fin de este mundo: el marco temporal del colapso de nuestra civilización va desde la década de los 2020 para los más agoreros hasta el fin de siglo para los más optimistas.

La maravillosa Joanna Macy hablaba en una reciente charla del privilegio que tenemos de vivir en estos tiempos ”exquisitos” donde podemos ser testigos de un momento histórico en la historia del planeta.

Cómo va a suceder y qué pasa después

Si bien hay un relativo consenso sobre el por qué y el cuándo se acaba este mundo, las discrepancias vienen al explorar otras dos cuestiones claves: Cómo va a acabarse y qué viene después.

Está claro que hoy no nos encontraríamos con unos niveles de 415 ppm de CO2, el Ártico casi sin hielo y los océanos plagados de plástico si hubiéramos tomado medidas en los años 70, cuando se publicó el informe Limites del crecimiento.

Más de cuarenta años después, el gran interrogante es si aún tenemos tiempo para organizar un descenso “controlado” o si ya es demasiado tarde para evitar caer por el precipicio.

Transición y Deep Adaptation: visiones propositivas

De modo esquemático, la primera narrativa es la de la Transición. La segunda es la de Deep Adaptation.

Sea descenso o caída, el día después de ese punto de inflexión se declina en función de un espectro de escenarios que abarcaría desde el renacer de una nueva civilización basada en relación armoniosa con la Naturaleza hasta la extinción de la Vida en el planeta. Entre esos extremos se sitúan cálculos de probabilidades: inevitable, probable, posible, imposible.

El enfoque de la Transición

El relato de la Transición es deliberadamente optimista. El manual de la transición, publicado en 2008, insiste en la necesidad de tener una visión positiva. Pese a las malas noticias, Rob Hopkins, fundador del movimiento, sigue manteniendo un discurso contagiosamente eufórico.

La visión de la Transición se centra en la firme creencia. La de la posibilidad de lograr un Gran Giro a la situación y evitar el desastroso futuro «por defecto» que nos espera si no actuamos con determinación.

La transición propone el fin de un mundo, el de la civilización termo-industrial. Y su sustitución por un modelo de sociedad local, comunitaria y profundamente respetuosa con la Vida en el planeta.

El enfoque de la Adaptación Profunda (Deep Adaptation)

Transición y Deep Adaptation: dos visiones propositivas ante el inminente fin del mundo.

Deep Adaptation es un movimiento lanzado en Julio de 2018 por el profesor Jem Bendell de la Universidad de Cumbria (Reino Unido). Su documento “Adaptación profunda: Un mapa para navegar por la tragedia climática” expone las conclusiones personales de Jem Bendell sobre el estado del planeta. Bendell concluye que:

«El Colapso es ya inevitable y ocurrirá en el corto plazo; es probable que el colapso venga acompañado de una Catástrofe; es posible que la especie humana se extinga como consecuencia de ese colapso».

Deep Adaptation considera que estamos ante un problema irresoluble (predicament, en inglés). Nada puede hacerse ya para evitar el colapso de nuestra civilización. Y este tendrá como consecuencia la ruptura del acceso a los elementos básicos de la vida humana: alimentos, agua, techo, vestido…

Ante esta tesitura, Deep Adaptation propone una “Agenda” basada en cuatro interrogantes:

  • Resiliencia: ¿cómo podemos preservar lo que necesitaremos para mantener un mínimo de civilización?
  • Renuncia: ¿qué debemos dejar de lado para no empeorar las cosas?
  • Restauración: ¿qué podemos hacer para recuperar costumbres, ecosistemas, herramientas perdidas que podrán ser indispensables antes las próximas dificultades y tragedias?
  • Reconciliación: ¿cómo hacer las paces con uno mismo, los demás, la pena, la muerte?

Los interesados en seguir la Deep Adaptation como una visión propositiva ante el inminente colapso civilizatorio, más allá de la Transición, pueden hacerlo a través del grupo Positive Deep Adaptation en Facebook o directamente en el Deep Adaptation Forum.

Resiliencia Comunitaria para afrontar la Gran Transición

Traducción de un texto de Richard Heinberg de Resilience.org, publicado originalmente en “The great transition Initiative” 24 Abril 2015.

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Actualización de los «Limites Planetarios» Enero 2015.

Revisión de: “Delimitando el futuro planetario: Por qué necesitamos una Gran transición” por Johan Rockström.
La investigación “Límites Planetarios” constituye un avance importante en nuestra capacidad de cuantificar los componentes del sobrepaso o desbordamiento global. Permitidme sugerir que todas las presentaciones sobre los límites planetarios deberían incluir una discusión sobre la Ley de Liebig-una perogrullada ecológica que puede resumirse en “una cadena es sólo tan fuerte como la pieza más débil”. No hemos de esperar a que los nueve límites sean transgredidos para que una calamidad global nos amenace; todo lo necesario para triturar la red del ecosistema es que uno de los límites sea sobrepasado de forma fehaciente, y por un tiempo suficiente. Visto desde esta perspectiva, el hecho de que cuatro de los nueve límites identificados estén ya superados con creces nos debería causar una preocupación profunda.

Sin embargo, la exposición de Johan Rockström sigue la fórmula familiar y necesaria: la civilización industrial nos está propulsando hacía un colapso planetario, pero todavía hay tiempo de cambiar el funcionamiento del sistema operativo civilizatorio para asegurar la supervivencia y bienestar de todos, incluso si la población sigue creciendo. He usado esta fórmula en ensayos y conferencias varias veces, y cada vez que lo hago, me sorprendo sintiéndome in poco insincero. Si, como intelectual público, es nuestra labor prescribir la medicina que pensamos que mejorará el estado del paciente (en este caso a la civilización). Pero, ¿Es nuestra receta capaz de curar la enfermedad?

Afrontémoslo: la condición de nuestro paciente está empeorando. Además, hemos observados casos como este con anterioridad (por ejemplo, han habido civilizaciones previas que han sobrepasado la capacidad de carga de su ambiente), y en todos los casos el resultado fue calamitoso. Sin embargo, siguiendo esta fórmula discursiva, un hipotético tratamiento a proponer, consistiría en la sustitución energética, mejoras masivas en la eficiencia en el uso de los recursos, redistribución de la riqueza, y gobernanza global; a pesar de que nunca antes se ha intentado, parece ser nuestra única esperanza.

Una nueva corriente de pensamiento ecologista- a veces etiquetado como fatalista o derrotista- sostiene que es demasiado tarde para estas panaceas. El paciente no tiene el menor interés en tomar nuestra medicina (propuestas para la sostenibilidad se han ido presentando desde “Los límites del crecimiento” en 1972, pero las élites globales se han mostrado completamente desinteresadas en cualquier toma de acción que no prometa la continua expansión del PIB), y la enfermedad esta demasiado avanzada (hemos puesto en marcha procesos de retroalimentación geofísicas que no pueden ser revertidos). Los fatalistas más extremos insisten en que la extinción a corto plazo esta ya asegurada. Olvídense de intentar salvar la civilización, dicen; piensen en la habitabilidad del planeta.

El fatalismo tiene la virtud de la voluntad de mirar y enfrentar la situación a la cara sin pestañear. Pero ha sido criticada por subestimar el posible rol de reequilibrar las retroalimentaciones entre ambos, el ambiente y las sociedades humanas; además, desempodera tanto a sus defensores como a su audiencia, que tiende a adoptar una actitud cínica, apatía y resignación. ¿Hay una tercera aproximación?

Parece que podríamos comenzar por reconocer que la crisis está ahora asegurada. Que no significa que la extinción a corto plazo sea inevitable, pero si que en este siglo veremos con casi certeza total convulsiones ecológicas, económicas y sociales en una escala sin precedentes. Los fatalistas están en lo cierto diciendo que es demasiado tarde para entrar en el juego, pero errados en simplemente renunciar a actuar.

Una estrategia alternativa sería anticipar crisis y usarlas a nuestro favor. Tal estrategia basada en las crisis buscaría primero proporcionar formas y caminos para la gente y las instituciones para adaptarse a los cambios venideros, en la dirección de crear más resiliencia en la comunidad y satisfacer las necesidades básicas humanas de forma más sostenible en el largo plazo. Esto implicaría casi con total certeza la implementación de deferentes tácticas adaptativas para las sociedades, variando los niveles de industrialización (o des-industrialización, como sería el caso). Una estrategia secundaria sería publicitar amplia y consistentemente una explicación ecológica para las inevitables crisis (superpoblación, agotamiento de recursos, polución) que pudiera al menos reducir parcialmente la tendencia social a buscar chivos expiatorios en situaciones de empeoramiento económico. Esto podría evitar de forma significativa una parte significativa de los conflictos.

La crisis puede ser un profesor. Todas las sociedades humanas indígenas han aprendido eventualmente a auto-contenerse, si permanecían en un lugar durante un tiempo suficientemente largo. Descubrieron mediante prueba y error que exceder la capacidad de carga de su territorio conducía a consecuencias fatales. Por ello estas gentes nos parecen a los “modernos” como ecologistas intuitivos: tras haber sido golpeado de forma repetitiva por el agotamiento de recursos, la destrucción del hábitat, la sobrepoblación y las resultantes hambrunas, llegaron a la conclusión de que la única forma de ser golpeados de nuevo era respetar los límites del medio natural, conteniendo la reproducción y protegiendo al resto de formas de vida. Nosotros hemos olvidado esa lección, por que nuestra civilización fue construida por gente que conquistó exitosamente, colonizó, y tras ello se mudó a otro sitio para llevar a cabo los mismos patrones de nuevo-y por que nosotros estamos disfrutando un regalo único en forma de energía fósil que nos capacita en nuestra propia omnipotencia, excepcionalismo e invencibilidad. Pero ahora se nos han acabado los sitios que conquistar, los mejores combustibles fósiles se han usado, y las consecuencias ambientales de quemarlos están empezando a alcanzarnos. Podemos aprender de la crisis; la antropología cultural nos lo muestra. Pero, en este caso, necesitamos aprender rápido, y tal vez un poco de esfuerzo organizado para ayudar a ese proceso estaría bien empleado. El discurso de los límites planetarios podría ayudarnos a explicar a las masas asustadas por que el mundo parece estar desmoronándose ante ellos, mientras que la construcción de resiliencia comunitaria podría ayudarnos en la adaptación a las condiciones cambiantes.

Por el momento, la mayoría de activistas ambientales continuarán (y probablemente deban) publicando nuevos informes diciendo, “Si no cambiamos las políticas, cosas terribles sucederán”, y, “si cambiamos las políticas todo el mundo podrá vivir en paz y prosperidad”. Simplemente estoy sugiriendo que algunos de nosotros deberíamos pensar estratégicamente sobre que hacer si los líderes mundiales no toman medidas para reducir drásticamente las emisiones de carbono y redistribuir la riqueza. Las crisis seguidas por resiliencia comunitaria parece ser el plan de repliegue lógico.